
Camina, camina, camina. Y cuanto menos te fijes, mejor.
Porque de repente, en mi vida hay un camino de baldosas amarillas.
Llevan a un castillo nevado en la tierra de las flores rojas.
Me colaré en sus habitaciones. A ver si encuentro bombones...
Me han dicho que al otro lado del puente de madera se está caliente.
Tienen una hoguera.
¿Me atreveré a bailar mientras cruzo?
La danza del vientre del sombrerero loco aún no ha terminado.


